Dick Parry murió este viernes por la mañana a los 83 años. La noticia se conoció a través de David Gilmour, quien compartió un mensaje directo y sincero en sus redes sociales para despedir a su amigo de la adolescencia y colaborador cercano en las grabaciones más conocidas de Pink Floyd.
Gilmour escribió que tocaba con Parry en diferentes bandas desde que tenía diecisiete años. Para él, el tono y la sensibilidad de Parry al saxofón eran completamente reconocibles, una marca de identidad que forma parte de la memoria musical de millones de personas en todo el planeta. Las canciones del grupo no habrían sido las mismas sin su soplido áspero y directo.
El sonido que definió una época en el estudio
El trabajo de Parry quedó grabado en las cintas de álbumes como The Dark Side of the Moon en 1973 y Wish You Were Here en 1975. Su aportación en temas como «Money», «Us and Them» o «Shine On You Crazy Diamond» dio un contraste terrenal a las texturas espaciales y a las guitarras de la banda inglesa. En lugar de buscar la complejidad técnica desmedida, Parry se concentraba en la fuerza de cada nota, logrando una presencia física que cortaba la mezcla de sonido con absoluta claridad.
Parry giró con Pink Floyd entre 1973 y 1977, un periodo de enorme desgaste y éxito masivo. Tras esa etapa de alta intensidad, se alejó de los grandes escenarios. Su regreso se produjo mucho después, para la grabación de The Division Bell en 1994 y la posterior gira mundial de ese año. También estuvo presente en el reencuentro histórico del grupo en el concierto benéfico Live 8 en el año 2005, la última vez que la formación clásica compartió un escenario.
Del retiro en el campo al regreso en el astillero
La relación entre Gilmour y Parry tuvo momentos de pausa prolongada. En una entrevista concedida a mediados de los noventa, Gilmour relató cómo volvió a contactar con él tras años de silencio. Parry había dejado de tocar el saxofón por completo, estaba sin empleo y vivía en un pequeño pueblo cerca de Cambridge sin planes musicales a la vista. Una tarjeta de Navidad cambió el rumbo de las cosas.
Gilmour lo invitó a una prueba en el Astoria, el famoso barco-estudio de grabación de la banda. Parry llegó asegurando que sentía que estaba tocando mejor que nunca. Tras soplar apenas tres frases de prueba, Gilmour y Bob Ezrin detuvieron la audición. El sonido característico seguía intacto, con esa calidez y aspereza que no se aprende en las escuelas de música. No hicieron falta más explicaciones ni formalidades. Parry se integró inmediatamente al grupo de trabajo para grabar el saxo de «Wearing the Inside Out».
Un historial que va más allá de Pink Floyd
Aunque la mayoría de los oyentes lo asocian directamente con las producciones de Gilmour y compañía, la carrera de Parry acumula colaboraciones con otros nombres de peso en la escena británica. Tocó en directo con The Who y formó parte de las bandas de apoyo de Gilmour en sus proyectos en solitario a principios de la década de 2000. Su firma musical aparece en créditos de estudio de artistas tan diversos como Rory Gallagher, John Entwistle, Bloodstone y la Bonzo Dog Doo-Dah Band.
Parry prefería el trabajo directo y sin artificios. Su enfoque del saxofón esquivaba los adornos innecesarios para centrarse en la emoción cruda de la interpretación. Sabía cuándo dar un paso al frente para romper el ritmo de una canción y cuándo retirarse para dejar que los demás instrumentos respiraran.
La muerte de Parry cierra un capítulo específico en la historia del sonido del rock clásico. Sus solos grabados en el estudio de Abbey Road seguirán sonando con la misma fuerza física y el mismo timbre reconocible que Gilmour identificó en apenas tres notas en aquel viejo barco. Las grandes composiciones necesitan esos detalles individuales para volverse eternas, y Parry tuvo el talento y la templanza para aportar exactamente lo que cada canción requería.
Visto en: ultimateclassicrock.com

