Ritchie Blackmore no quería seguir en Deep Purple. La tensión interna y el desgaste de pertenecer a una estructura que funcionaba como un comité terminaron por agotar su paciencia. Cuando cinco personas tienen cinco respuestas diferentes para la misma pregunta, la música deja de ser un vehículo creativo y se convierte en una reunión de negocios. El propio guitarrista reconoce que su propio ego era parte del problema, una molestia constante de la que necesitaba escapar. Esa incomodidad propició su salida y el nacimiento de Rainbow, un proyecto que canalizó su necesidad de hacer las cosas bajo sus propios términos.
La conexión directa con Ronnie James Dio
El inicio de Rainbow no fue un proceso planificado al detalle. De hecho, el primer álbum homónimo de 1975 se grabó en apenas tres semanas, con ideas inacabadas y una constante duda sobre el rumbo estilístico a seguir. Sin embargo, la incorporación de Ronnie James Dio facilitó una transición que de otro modo habría sido tormentosa. A diferencia de las constantes disputas en su anterior banda, la relación de trabajo entre ambos fue sencilla y fluida desde el primer día.
Ronnie James Dio tenía formación como trompetista clásico, lo que le otorgaba una comprensión musical superior a la media de los cantantes de la época. Ritchie Blackmore le susurraba ideas al oído durante los ensayos y el vocalista las captaba al instante. Su velocidad para componer melodías y letras era tal que resolvía piezas enteras en diez minutos para después volver a su verdadera afición: ver partidos de béisbol. Esta capacidad de interpretación permitió que composiciones como Man on the Silver Mountain tomaran forma de manera casi espontánea, combinando influencias de la música renacentista del siglo XVI con la fuerza del rock.
El peso de Rising y la llegada de Cozy Powell
Con el segundo disco, la dirección artística se definió de forma mucho más clara. Si en el debut de Rainbow existía una indecisión entre la delicadeza melódica y la pesadez, en Rising el grupo tomó el camino del rock pesado sin mirar atrás. En este proceso fue fundamental la llegada de Cozy Powell, un batería que aportaba la pegada exacta que el nuevo sonido requería.
Ritchie Blackmore se sintió cómodo en el estudio por primera vez en años. El material de este álbum, especialmente temas largos como Stargazer, reflejaba una madurez y una firmeza que no existían en el debut. La banda dejó de experimentar a ciegas para centrarse en un estilo potente, directo y con un fuerte sentido melódico. El contraste con las sesiones de grabación de Deep Purple, donde conseguir que todos los miembros se sentaran en la misma habitación era una tarea casi imposible, no podía ser mayor. El guitarrista recuperó el control de su propia obra.
La canalización de la ira en directo
El escenario siempre fue el espacio natural para Ritchie Blackmore. Allí las canciones cambiaban cada noche gracias a la improvisación constante, un juego que servía para mantener alerta al resto de los músicos y a él mismo. Pero el verdadero motor de esas actuaciones era la hostilidad. El guitarrista admite que tocaba con un profundo sentimiento de enfado, una agresividad que el público compartía plenamente.
Los conciertos de Rainbow se convirtieron en una válvula de escape para miles de jóvenes trabajadores que acudían con sus chaquetas de mezclilla, cargados con sus propias frustraciones diarias. Era una comunión basada en la energía cruda. Tres músicos propulsados por la rabia (Ritchie Blackmore, Cozy Powell y Ronnie James Dio) se enfrentaban a una industria radiofónica que los rechazaba por considerarlos demasiado ruidosos y agresivos. Las emisoras británicas ignoraban sus canciones, pero las salas de conciertos se llenaban noche tras noche con un público que buscaba precisamente esa descarga de tensión que la música comercial de la época no podía ofrecerles.
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