Ritchie Blackmore, la mente maestra detrás de Deep Purple y Rainbow, es mundialmente aclamado por ser el pionero que entrelazó magistralmente el potente movimiento del rock and roll de finales de los años 60 con los sabores y la estructura de la música clásica. Sin embargo, el propio guitarrista ha decidido desmentir esta creencia popular, revelando que la idea no fue suya, sino que la tomó prestada de una banda de gimmick que vio cuando era adolescente.
No obstante, la huella de esta fusión es innegable. Su icónico riff para “Smoke on the Water” —posiblemente el riff de guitarra más famoso de todo el rock— es prueba de lo bien que consiguió casar ambos géneros. El propio Blackmore admite que el riff, construido sobre cuartas paralelas tocadas con los dedos, tiene una deuda clara con una obra cumbre de la era clásica: la Sinfonía n.º 5 de Ludwig van Beethoven.
“Le debo mucho dinero”, bromeó una vez el legendario guitarrista sobre su inspiración.
La génesis del rock clásico y la Sinfonía n.º 5
Si bien el trabajo de Blackmore con Deep Purple —especialmente durante la era Mark II con Ian Gillan, Roger Glover, Jon Lord e Ian Paice— popularizó esta fusión y la convirtió en su sello personal, él se niega a llevarse el crédito por el concepto original. Para entender de dónde proviene realmente esta idea, debemos remontarnos a sus años de formación, antes de que su Fender Stratocaster se convirtiera en un instrumento de culto.
Blackmore narró en un video reciente de YouTube que la revelación ocurrió cuando tenía apenas 15 años:
“Cuando tenía 15 años, había una banda increíble que vino al South Wall Community Center. Se llamaban Nero and the Gladiators, todos vestidos como romanos en togas y todo eso.”
Formada en 1960 por el tecladista Mike O’Neil (quien adoptó el papel de Nerón), la banda consiguió éxitos menores al versionar clásicos orquestales con una fuerte dosis de rock. Entre sus adaptaciones destacaron “Entrance of the Gladiators” (compuesta por Julius Fučík en 1897) y la obra orquestal de Edvard Grieg de 1875, “In the Hall of the Mountain King”.
Fue esta última pieza la que provocó la epifanía en el joven Ritchie.
Nero and the gladiators: La influencia inesperada
“De ahí saqué mi inspiración”, explica Blackmore. “Algunas personas piensan que yo inicié esa moda, pero ellos fueron los primeros. Los vi y quedé simplemente abrumado.”
Nero and the Gladiators no solo tocaban música, sino que eran auténticos showmen. La combinación de una presentación teatral con la seriedad y majestuosidad de la música clásica, transformada en algo potente y ruidoso, capturó inmediatamente la imaginación de Blackmore.
“Eran grandes showmen”, continuó. “Nunca olvidaré esa experiencia. Estaba boquiabierto viendo ese rock tocando piezas clásicas, y para mí, tenía mucho más sentido que Chuck Berry tocando ‘Sweet Little Sixteen’. De repente, fue como, ‘Sí, aquí es donde quiero ir’.”
Blackmore incluso destacó la destreza de su guitarrista:
“Pensé que la forma de tocar la guitarra de Tony Harvey era increíble. Fue una gran influencia para mí.”
Entre el blues y el clasicismo: La búsqueda de un sonido propio
A principios de los 60, cuando Blackmore estaba forjando su identidad musical, Reino Unido se encontraba en plena ebullición del movimiento blues rock, liderado por figuras como Eric Clapton (a quien Blackmore le compró su primera Stratocaster) y Jimmy Page. Sin embargo, Blackmore sentía que esa senda no le ofrecía el camino completo.
En una entrevista con Guitar World en 1991, el músico reflexionó sobre su dilema juvenil. Él se sentía atrapado en una “tierra de nadie” musical:
“Nunca estuve seguro de lo que quería ser. El blues me resultaba demasiado limitante. La música clásica, por otro lado, siempre fue demasiado disciplinada. Siempre estaba tocando entre las dos, atrapado en una tierra de nadie musical.”
Admitió también sus limitaciones técnicas para ser un músico clásico puro:
“Técnicamente, no soy lo suficientemente bueno para ser un músico clásico. Me falta disciplina.” Por ello, siempre vio su sonido con Deep Purple como una simplificación y adaptación de las tonalidades clásicas al formato rock.
Lecciones del clasicismo en el riff rockero
Pese a su falta de disciplina formal, sus incursiones en la técnica clásica le otorgaron herramientas esenciales que el blues tradicional no proporcionaba. Como explicó a Guitar Player, el estudio de la música clásica le permitió desarrollar técnicas valiosas:
“Aprendí a usar mi dedo meñique. Muchos guitarristas de blues tocan solo con tres dedos, por lo que no pueden descifrar ciertas ejecuciones que requieren el uso de su dedo meñique.”
Esta influencia no solo se refleja en sus solos, sino en la composición misma. Blackmore citó específicamente la progresión de acordes en el solo de “Highway Star” como una progresión de Bach. Esto demuestra cómo la estructura clásica se incrustó profundamente en la arquitectura del hard rock de Deep Purple, dándole una sofisticación armónica ausente en gran parte del rock de la época.
Aunque la influencia clásica está siempre presente, Blackmore insiste en que su estilo sigue siendo intrínsecamente rockero, especialmente en su forma de emplear notas sueltas. No se trata de copiar, sino de fusionar su propia personalidad con las ideas armónicas que tomó prestadas, inicialmente de una banda de gladiadores, y posteriormente de los grandes compositores de la historia.
Actualmente, Blackmore se está recuperando de un problema de salud que obligó a suspender su última gira con Blackmore’s Night, su proyecto de folk renacentista que mantiene con su esposa, Candice Night. Mientras tanto, músicos como Brian May de Queen continúan rindiendo homenaje a su legado, describiéndolo como una “bola de fuego” que influenció a toda una generación de intérpretes.
Visto en: www.guitarplayer.com

