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Steve Vai revela su problema de tono al unirse a David Lee Roth

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Steve Vai es, sin lugar a dudas, uno de los guitarristas más influyentes y técnicamente dotados de la historia del rock. Su reputación como virtuoso comenzó temprano; de hecho, cuando Frank Zappa lo reclutó para su banda en 1980, a la tierna edad de 20 años, Zappa lo catalogó inmediatamente como un “genio”. Sin embargo, incluso los genios tienen sus áreas de mejora, y para Vai, esta llegó unos años después, cuando se unió a la nueva banda de David Lee Roth en 1985.

Aunque Vai dominaba las complejidades de la composición y la técnica, se dio cuenta de que le faltaba una habilidad crucial en el contexto del hard rock de estadio: la capacidad de generar un tono de rock masivo y agresivo. Una anécdota reciente, compartida por Vai en una entrevista con Guitar World, revela cuán “embarazosamente inexperto” se sentía en este aspecto al comenzar a trabajar en el icónico álbum Eat ‘Em and Smile.

El desafío de David Lee Roth

El contexto era de alta presión. David Lee Roth acababa de separarse de Van Halen y estaba decidido a demostrar que podía triunfar por sí mismo. Su álbum debut en solitario, Eat ‘Em and Smile (1986), tenía que ser un éxito rotundo, un manifiesto de hard rock audaz y contundente. Para esto, Roth depositó toda su confianza en el joven de 25 años para que definiera el sonido de la nueva era.

Cuando Vai se presentó en los estudios Power Station de Nueva York, llegó con el equipo que conocía bien: su amplificador Carvin X-100B. Aunque el Carvin era un caballo de batalla confiable y versátil, ideal para el trabajo técnico que Vai solía realizar, pronto se demostró insuficiente para la visión sonora que Roth requería. El tono que Vai buscaba, ese rugido potente y recortado que define el rock duro de los años 80, simplemente no estaba ahí.

Vai relata la frustración que sintió al darse cuenta de que su equipo no estaba a la altura. Los Carvin, si bien eran excelentes, no lograban “cortar” la mezcla con la agresividad necesaria para las pistas más pesadas del álbum. Estaba estresado y sintiendo que su reputación podría estar en juego si no lograba dar con el tono adecuado para un disco tan importante.

El ángel guardián: Steve Stevens

Afortunadamente para Vai, la suerte estaba de su lado, o más bien, Steve Stevens lo estaba. El guitarrista de Billy Idol se encontraba grabando en el mismo complejo de estudios, al otro lado del pasillo, y demostró ser un verdadero salvador.

«Tuve la suerte de que Steve Stevens estaba grabando al otro lado del pasillo», explicó Vai. «Mencioné mis problemas con el tono, y él me prestó uno de sus cabezales y gabinetes Marshall favoritos. ¡Boom! ¡Magia instantánea! Terminé usando su equipo para la mayor parte del álbum».

La intervención de Stevens no fue solo un acto de camaradería, sino una lección práctica en el arte de la amplificación de rock. Los Marshalls, a menudo modelos JCM800 o JMP modificados, eran el estándar de oro para el tono de hard rock de alta ganancia. Proporcionaban la compresión y la saturación de rango medio que el Carvin X-100B no podía ofrecer en ese contexto. Este cambio de equipo no solo salvó la grabación del debut de Roth, sino que también solidificó el entendimiento de Vai sobre cómo conseguir ese tono de “gran rock” tan esquivo.

Aunque no está claro si Stevens estaba trabajando en ese momento en Whiplash Smile de Billy Idol o en This Side of Paradise de Ric Ocasek, su generosidad fue invaluable. El resultado fue un álbum con un sonido espectacular y dinámico, donde los solos de Vai, por fin, tenían el peso y el impacto que merecían.

La repercusión del sonido Eat ‘Em and Smile

El álbum Eat ‘Em and Smile se convirtió en un clásico instantáneo, y su tono de guitarra, ahora legendario, fue fundamental para su éxito. Vai, que ya era un prodigio técnico, demostró que podía adaptarse y conquistar las demandas tonales del rock mainstream, en gran parte gracias a ese cabezal Marshall prestado. Es un testimonio de que, a veces, la clave para un sonido revolucionario no está en la complejidad de un rack de efectos, sino en la simplicidad y potencia de un amplificador clásico.

La historia también subraya la importancia de la comunidad musical. A pesar de la rivalidad percibida en el mundo del rock, Stevens, un guitarrista ya establecido y con un tono característico, no dudó en ayudar a un colega en apuros. «¡Me salvó el pellejo!», admite Vai riendo.

Hoy en día, Steve Vai es, por supuesto, un maestro en el manejo de cualquier configuración de amplificación, habiendo desarrollado sus propios equipos característicos. Sin embargo, esta anécdota de sus días con David Lee Roth sirve como un recordatorio humilde de que incluso los grandes virtuosos tienen que empezar en algún lugar y, a menudo, dependen de la ayuda inesperada de otros músicos para encontrar su camino sonoro. Recientemente, Vai continuó compartiendo anécdotas fascinantes, como su encuentro con Brian May, donde recontó su experiencia surrealista tocando la custom Red Special de May, describiendo su ejecución como la de «una jirafa bebé sobre patines, pero fue el cielo».

Visto en: www.guitar.com

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