En el mundo de la música, y específicamente entre los instrumentistas, existen tantas metodologías de práctica como músicos hay. Sin embargo, el debate sobre la necesidad de la práctica dedicada y el conocimiento formal de la teoría musical sigue siendo un tema candente. El contraste entre la disciplina implacable de virtuosos como Steve Vai y el enfoque más orgánico y espontáneo de artistas como Emily Green de Geese, ilustra perfectamente esta brecha.
Steve Vai, un ícono conocido por su habilidad técnica inigualable, ha compartido previamente el programa de práctica intensivo que desarrolló en su adolescencia. Como él mismo relató, se consideraba «neurótico» y estaba satisfecho si lograba dedicar nueve horas al día a su instrumento. Este nivel de compromiso es casi legendario, centrado en la repetición deliberada y la maestría técnica.
Por otro lado, encontramos a Emily Green, quien representa la voz de muchos músicos que ven el estudio formal como una carga. En una reciente entrevista con Guitar World, Green no dudó en catalogar la práctica dedicada como «aburrida». Su preferencia se inclina por pulir sus habilidades en el escenario y durante las giras, argumentando que la experiencia en vivo es la mejor escuela.
El debate de las nueve horas: ¿Virtuosismo vs. espontaneidad?
La diferencia entre Vai y Green no es solo una cuestión de estilo musical, sino de filosofía. Vai, al igual que otros maestros del metal progresivo y la fusión, se apoya en un dominio total del instrumento, que solo puede alcanzarse a través de miles de horas de práctica estructurada. Este enfoque se alinea a menudo con la teoría de la ‘práctica deliberada’, donde el músico no solo repite, sino que identifica activamente sus debilidades para mejorarlas de manera sistemática. Para un virtuoso, conocer cada nota, cada modo y cada arpegio es fundamental para la expresión.
Green, sin embargo, prefiere el aprendizaje contextualizado:
“Practising is boring. Getting better at guitar by playing in a band with people is much more interesting [and] the best way to learn how to play guitar. The scales and stuff just feel very dry to me.”
Ella sostiene que la interacción musical dentro de una banda ofrece un camino más interesante y, crucialmente, más efectivo para aprender a tocar. Para un músico cuyo objetivo principal es la composición y la química en el escenario, la rigidez de las escalas puede sentirse irrelevante, priorizando la emoción y la funcionalidad sobre la técnica pura.
La sombra de la teoría: ¿Necesitas conocer el diapasón completo?
El argumento de Green sobre las escalas «secas» nos lleva directamente a otro debate feroz en la comunidad: ¿hasta qué punto es necesario que un instrumentista conozca la teoría musical formal?
El año pasado, el maestro del jazz-funk, Cory Wong, agitó el avispero al declarar que los músicos deberían ser capaces de identificar cada nota en el diapasón (o mástil) a voluntad. Su argumento no se centra solo en el conocimiento académico, sino en la eficiencia: si sabes dónde está cada nota, tu capacidad para comunicarte con otros músicos y para improvisar con precisión se multiplica.
Joe Satriani, antiguo mentor de Steve Vai y otro virtuoso indiscutible, se unió a la postura de Wong, subrayando la importancia de tener una comprensión integral de tu herramienta de trabajo.
Las voces disidentes: cuando la intuición supera al formalismo
No obstante, muchos músicos prominentes no comparten esta visión rígida. Artistas que operan más por intuición, composición y feeling, argumentan que el conocimiento excesivo puede llegar a sofocar la creatividad. Jack White, conocido por su estilo visceral y su aversión a las reglas académicas, respondió de forma hilarante a Wong:
“Ok it’s a deal; I’ll find the C, but I’m not learning all those other notes.”
Esta respuesta encapsula la visión de que para la composición de canciones y el rock and roll crudo, el conocimiento académico puede ser secundario. Muchos compositores brillantes de la historia musical han trabajado sin un entendimiento formal de la teoría; simplemente sabían lo que sonaba bien.
El debate generado fue intenso. Un músico con 40 años de experiencia comentó que, aunque no podía nombrar cada nota del mástil, sí podía escribir buenas canciones, y que eso era lo único que le importaba. Otro, sin embargo, apoyó a Wong, señalando que la teoría es fundamental cuando se trabaja con «verdaderos profesionales», ya que facilita la comunicación y el entendimiento musical global.
Conclusión: el objetivo define la práctica
Al final, la verdad se encuentra en un punto medio, dictada por los objetivos del músico. Si aspiras a ser un guitarrista de sesión profesional, o a componer música compleja basada en jazz o fusión, el enfoque metódico de Steve Vai y el conocimiento teórico de Cory Wong son casi obligatorios. Este camino asegura que el músico pueda interactuar con cualquier estructura musical con fluidez y confianza.
Sin embargo, si tu camino es el de Emily Green o Jack White, donde la energía de la banda y la inmediatez de la composición son la prioridad, entonces la práctica se convierte en tocar, en crear sonidos y en encontrar tu voz única, sin la necesidad de tener todos los mapas y las luces encendidas. No hay un método universalmente «mejor»; solo el que mejor se adapta a lo que quieres expresar con tu instrumento.
Visto en: www.guitar.com

