Sir Brian May, el icónico músico conocido mundialmente como el legendario de Queen, ha demostrado ser mucho más que una leyenda del rock. Doctor en Astrofísica y ferviente defensor de los derechos de los animales, May es un hombre que encarna la conexión entre las artes, las ciencias y el activismo social. En estos tiempos difíciles, su mensaje es claro y contundente: debemos ser más amables los unos con los otros, reducir el tiempo que pasamos en línea y dedicar más horas a crear música o, en su defecto, a “mirar las estrellas”.
Esta perspectiva dual, que equilibra el rock and roll con la cosmología, fue el foco de una reciente entrevista con Radio Times, coincidiendo con la publicación de su libro Islands in Infinity: Galaxies in 3-D. Este trabajo, lanzado en noviembre pasado, es la primera publicación que presenta galaxias en formato tridimensional, una hazaña que subraya la dedicación de May a la divulgación científica.
La conexión inesperada: arte y ciencia
A pesar de la tendencia moderna a separar rigurosamente las humanidades de las ciencias exactas, May insiste en que esta dicotomía es falsa. Históricamente, señala, las mentes más brillantes han navegado entre ambos mundos.
“La mayoría de los astrónomos más famosos fueron músicos, desde Isaac Newton en adelante. No es inusual tener esta conexión en tu cerebro,” explica May. Y tiene razón. El propio Isaac Newton, además de su trabajo fundacional en cálculo y física, realizó estudios significativos sobre la acústica y la naturaleza armónica de la luz. Pero la lista no se detiene ahí. Figuras como Albert Einstein eran ávidos violinistas que a menudo recurrían a la música para encontrar claridad en sus problemas teóricos. La música, con su estructura matemática y su dependencia del ritmo y la proporción, siempre ha estado íntimamente ligada a la física y la astronomía.
Brian May lo vivió en carne propia. Cuando era joven, se le obligó a elegir. “Siempre he pensado que el arte y la ciencia eran parte de la misma cosa, aunque de niño me dijeron: ‘Tienes que elegir uno.’ He luchado contra eso toda mi vida.” Su propia carrera es un testimonio de esta lucha y triunfo. May completó su doctorado en astrofísica, que había abandonado en los 70 por el éxito de Queen, solo en 2007. El aprecio por la belleza del universo, argumenta, es una parte fundamental para entender cómo funciona, un punto de vista que unifica la estética artística con la búsqueda científica.
Este enfoque holístico se refleja incluso en su instrumento más famoso, la Red Special. Diseñada y construida por May junto a su padre cuando era adolescente, esta no es solo una herramienta musical, sino una proeza de ingeniería casera y una pieza de arte en sí misma. La precisión con la que fue creada, utilizando materiales reciclados, habla de una mente que valora tanto la invención práctica como la expresión sonora.
Desasosiego planetario y el rechazo a la crueldad
A pesar de su fascinación por la inmensidad y el orden del cosmos, May confiesa sentirse profundamente “desorientado” y “desanimado” por el estado del planeta que habitamos, especialmente en lo que respecta a la conducta humana.
“Me siento desanimado por el mundo de los humanos,” confiesa, añadiendo que la situación le quita el sueño. “La crueldad, la ignorancia, las mentiras, la reescritura de la historia. Pienso que una comprensión y un amor por el arte y la música hacen imposible ser el tipo de persona que quiere salir y ser cruel con los demás.”
El activismo de May no es un pasatiempo; es una misión de vida. A través de su fundación Save Me Trust, lucha incansablemente contra la caza de zorros y, crucialmente, contra el controvertido sacrificio de tejones en el Reino Unido. Su desazón proviene de ver la falta de empatía y la polarización extrema que domina el discurso social contemporáneo.
La polarización, según May, ha erosionado nuestra capacidad de comunicación. “Hemos perdido la capacidad de discutir las cosas y de respetar el punto de vista de otras personas, tenemos una polarización horrible.” En una era dominada por las redes sociales, donde el anonimato facilita la hostilidad y la difusión de información falsa, su llamado a la bondad resuena con particular urgencia.
El remedio en la música y las estrellas
Si la fuente del problema radica en la falta de empatía y la agresión, la solución, según May, se encuentra en la elevación del espíritu que proporcionan las artes y la contemplación de lo sublime. La música, en particular, actúa como un puente emocional que nos conecta, trascendiendo diferencias ideológicas.
Cuando May observa la crueldad, su pregunta fundamental es: “Hay tanto sufrimiento en el mundo, ¿por qué querríamos añadir más?” La respuesta, implícita en su vida y su obra, es que el aprecio por la belleza inherente, ya sea en una sinfonía o en una galaxia distante, cultiva un sentido de asombro que desplaza la mezquindad.
Su prescripción para una humanidad más sana es sorprendentemente simple y profundamente poética: “Si la gente pasara más tiempo mirando las estrellas y haciendo música, nada de esto sería posible.” Es una invitación a desconectar del ruido digital tóxico y reconectar con actividades que fomentan la creatividad, la introspección y la humildad. Mirar las estrellas nos recuerda nuestra insignificancia ante el vasto cosmos, fomentando la humildad necesaria para superar la arrogancia y la polarización. Hacer música, en cambio, nos conecta íntimamente con la estructura armónica del mundo y con nuestros compañeros humanos.
En esencia, Brian May nos ofrece una fórmula de bienestar universal: mezcle la majestuosidad de la astrofísica con la armonía de la música, y el resultado será una sociedad inherentemente más bondadosa. Su libro Islands in Infinity: Galaxies in 3-D, ya disponible, sirve como la guía perfecta para comenzar esa jornada de contemplación cósmica que él tanto promueve.
Visto en: www.guitar.com

